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Invertir en la educación de los trabajadores agrícolas inmigrantes, y otros, para ayudarlos a salir de la pobreza y participar en la próxima generación de granjas familiares orgánicas es una causa incipiente, por decir lo menos. Pero es una causa que vale mucho la pena. Hacerlo, ayudará a inclinar la balanza de la agricultura en Estados Unidos para favorecer una mayor equidad y oportunidades para las obras marginadas, al tiempo que se mitiga el cambio climático y se brinda el impulso necesario a nuestras economías rurales.